Ecoturismo en los Esteros del Iberá

RESERVA NATURAL PROVINCIAL
ESTEROS DEL IBERÁ

El gran Pantanal Argentino

Los embalsados son suelos tan aireados y livianos, que flotan. Están formados básicamente por materia organica y una intragada red de raíces que le da una fuerte consistencia, capaz de sostener al Ciervo de los Pantanos, que se alimenta con indiferencia ante la presencia de una lancha con turistas.

Sin lugar a dudas, los Esteros del Iberá son una de las áreas naturales protegidas más importantes de Sudamérica, cubriendo unos 13,000 km2 (unas 65 veces la Capital Federal), gran parte de ellos cubiertos por agua formando lagunas, arroyos y esteros; cuenta además con tierras altas donde prosperan montes y sabanas.

Este maravilloso lugar no hubiese llegado a nosotros si el Río Paraná no decidiera modificar su curso hacia el norte hace miles de años abandonando el centro de la provincia de Corrientes. La depresión entonces, se transformó en lagunas, canales, esteros y embalsados, que absorben las precipitaciones, funcionando así como una enorme y eficiente presa natural. Sólo un pequeño porcentaje del agua fluye hacia el Paraná en el sudoeste, a través de el Río Corriente.

Una singular característica del Iberá son sus embalsados, suelos orgánicos que debido a su peso flotan. La vegetación acuática simplemente se acumula con el paso del tiempo, formando colchones de 1 a 3 metros de espesor; pudiendo sostener algunos árboles y animales como yacarés, carpinchos y ciervos de los pantanos; éste último es el mayor habitante de los esteros superando los 130 kgs. Ocasionalmente se desprenden pedazos de las costas flotantes que rodean las lagunas, liberando islas que viajan a la deriva, llevándose consigo su fauna; hasta que logran tocar costa y se afirman nuevamente a ella.

La enorme boca abierta del Yacaré no significa que esté a punto de comernos. Sino que la temperatura empieza a subir y deben enfriarse. Como todo reptil, los yacarés no controlan su temperatura por si mismos, y dependen de las condiciones exteriores.

Posiblemente no exista un sitio mejor en el norte argentino para la observación de fauna silvestre. En este sentido no solamente alberga una gran variedad de animales, sino que también una buena parte de ellos están amenazados o en peligro de extinción a nivel internacional. La fauna sencillamente parece haber perdido el miedo al contacto humano; lo que posibilita un sorprendente acercamiento; ideal para observar su comportamiento y fotografiarla. La lista es muy larga,  pero podemos nombrar yacaré negro y overo, carpincho, ciervo de los pantanos, venado de las pampas, lobito de río, zorros, monos caraya y una inmensa cantidad de aves.

La flora es igual o aún más importante, su vital importancia radica en la formación base que da sustento a toda la vida; y si hablamos de variedad las cifras asombran: más de 1,500 especies catalogadas y en aumento.Montes subtropicales, pastizales, montes espinosos y esteros son algunos de los ambientes del Iberá, cada uno con sus propias características y pobladores; haciendo de esta región indudablemente un paraíso para amantes de la naturaleza.

Haciendo un poco de Historia

Antes de que los Esteros del Iberá fueran un área protegida, los animales eran cazados por los pobladores locales para obtener carne y cuero.

La Reserva Natural Provincial Esteros del Iberá fue creada en 1983, a partir de la iniciativa de pobladores de Pellegrini y Mercedes, con el objetivo de preservar y recuperar la fauna y flora, que en ese momento, se encontraba en estado crítico debido a la intensa caza. Además las actividades agrícolas sin ningún tipo de control amenazaban el funcionamiento de todo el ecosistema.Los mariscadores cazaban animales para vender su cuero o plumas y consumir eventualmente su carne; mientras que el avance de los cultivos de arroz no solamente modificaban los pastizales naturales, sino que también el uso indiscriminado de pesticidas y demás productos químicos eran volcados a los esteros.Y casualmente que el primer cuerpo de guardaparques fue formado por un grupo de mariscadores de la región. Su experiencia y conocimientos sobre el Iberá no sólo sirvieron para frenar la cacería, sino también serían clavespara adiestrar a futuras generaciones sobre la vital importancia de conservar este hermoso lugar. Los primeros años fueron difíciles, la fauna era escasa y muy esquiva al contacto con los humanos. La falta de interés por parte de la población local, y la poca inversión y difusión del parque hacía más complicado el trabajo de los guardaparques.

El atardecer es el escenario ideal para relajarse y contemplar de los mágicos colores que nos ofrece el paisaje. Las bandadas de aves cortan el profundo cielo.

A comienzos de los ’90 sólo existía la posibilidad de acampar en las inmediaciones del centro de interpretación Iberá, frente a las costas de Colonia Pellegrini que permanecía indiferente a los visitantes.
Hoy podemos decir que Colonia Carlos Pellegrini, uno de los pueblos asentados a las orillas de los Esteros del Iberá, oficia informalmente de Capital de los Esteros. Cuenta con una población de 1000 habitantes aproximadamente, buena parte de ellos viven del turismo. El fin de la convertibilidad del peso argentino a finales del 2001 no sólo lo hizo más accesible para los extranjeros, sino también despertó el interés de los argentinos por conocer su propio país, siendo más del 85% del turismo de origen nacional.

Gradualmente la cifra de ingresos sube cada año, creando un desafío para Carlos Pellegrini lograr armonizar su desarrollo urbanístico con el entorno, en sintonía con el movimiento eco-turísitico que lo caracteriza.



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